Jacinto de Manuel

Estética del fallo

Inauguración 26 de febrero de 19.00 a 21.30

Exposición del 26 de febrero al 28 de marzo de 2026

c/ San Hermenegildo, 28, Madrid

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"Estética del fallo" se articula a partir de fragmentos que emergen sobre muros desgastados, capas cromáticas superpuestas, o atravesados por grietas. La imagen no se presenta como una entidad autónoma, sino como un acontecimiento situado en la superficie, condicionado por la materialidad del soporte y por los procesos de acumulación y erosión que lo atraviesan. La acción y El tiempo.

La mutación no ocurre de golpe, empieza con una pequeña alteración. Los desconchones y grietas representan ese primer momento en el que la materia deja de ser estable. La superficie "correcta" se rompe y abre paso a otra forma de existencia. No es destrucción, es transformación.

El deterioro crea belleza y la materia rota crea significado.

Las capas visibles de pintura, resultado de intervenciones sucesivas de la acción humana y del desgaste, revelan una temporalidad estratificada. Cada estrato señala un momento distinto, una acción previa, una intención ya desplazada.

En este sentido, la obra se sitúa en un espacio intermedio entre figuración y abstracción, donde la imagen se reconoce pero no se clausura. El inconsciente óptico, el ojo del artista revela detalles que normalmente se ignoran, realizando estudios de superficie y creando desde la lógica del fragmento, dotándolo de un valor estético siempre presente en un proceso de desgaste y aparición, creando una gramática visual.

"[...] No es de extrañar que ahora Jacinto nos presente fragmentos, texturas y grietas. Solo la mirada del artista sabe descubrir la relevancia y la belleza de un material envejecido, de una pared arruinada, de un desconchón oxidado. 'El deterioro crea belleza y la materia rota crea significado' nos dirá en la presentación de esta última exposición, bellamente titulada “Estética del fallo”
― Ignacio Vicens y Hualde, Doctor Arquitecto.

Como en las paredes de las cuevas, la imagen no se ofrece plenamente; permanece en un estado de latencia, compartiendo una estética de imperfección. Las grietas, las capas de color y las huellas del tiempo no interrumpen la figura, sino que la activan, recordando que toda imagen es siempre el resultado de una negociación entre materia, gesto y duración.

La referencia a las pinturas rupestres —particularmente Altamira— no responde a una cita formal ni a una evocación arqueológica, sino a una afinidad estructural: la comprensión del muro como origen de la imagen. En el arte rupestre, la figura no se separa de la roca; se construye en diálogo con sus relieves, fisuras y accidentes naturales. De manera análoga, en estas obras la pared actúa como archivo material, donde las marcas del tiempo —desconchados, grietas, restos de color— participan activamente en la configuración de la imagen.