Paula García-Masedo

Encuentro

Inauguración 14 de mayo de 12.00 a 15.00h

Exposición del 14 de mayo al 25 de junio de 2022

c/ San Hermenegildo, 28, Madrid

Nota de prensa

Producido con las Ayudas a la Creación Visual Propuestas 2021 de #VEGAP

Y antes de meterme en el agua miré muy bien el color que el cielo dejaba en ella y dentro toda la luz del sol era ya distinta porque había empezado la primavera que volvía a nacer después de haber vivido debajo de la tierra y dentro de las ramas[...]

Puso las manos en forma de cuenco en un gesto que le recordaba a su infancia. Dentro, agua de río, como flores, como ramas. El agua es al cielo a la manera en que la espina es la flor, porque aquí la muerte tira de la vida, sin descanso. Que tu llanto trence con el mío la red bajo mis pies vacilantes. Tan obstinada y paciente, gira el cazo haciendo remolinos. En la olla se rozan las criaturas entre sí, en un instante irrepetible del paisaje. Vuelca la muñeca que sostiene el cazo y vierte el líquido dejando aparecer la superficie. Más tarde vendrá el tiempo del secado, y después, el florecimiento de las formas. Me escribe: no consigo que sean planas así que hay que aceptar que no son planas. La primavera aparece a su través. Tú que hiciste jabón de las cenizas, que tu llanto trence con el mío la red bajo mis pies vacilantes.

Mudó la piel cuyos hilillos provenían del frutal doliente, donde en lo alto hay un pájaro picoteando las semillas. Ella querría hacerle un nido. Una casa. Una caja. Su manera de amontonar lo separado es frugal, como los pastos que arrullan color perla cuando se adormecen.

Pinzas de la ropa, bambú, palitos de los árboles. Urdimos simientes, y huesos, y raíces; y todo es de color, y todo es de alabastro. Es inútil enfadarse con las brasas, ni con el viento. El gesto no es una captura, es un vaivén. Un sostenerse en la quietud precisa. El caballo bufa, como en el claro donde se encontró un corzo. No se puede robar un instante, solo contemplar su desaparecerse. Brotan como el agua y se derraman, los jazmines en su frente. Agachada al ras de la rivera preñada, hunde las manos en la escarcha y frota la retama seca, aguardando. Allá junto al arroyo le pedí me colocara pétalos sobre los ojos cerrados, que me trenzara de espinos, que me cogiera la mano.

La forma de plegar el ajuar o la mortaja en el futuro jardín que se intuye, es una promesa. La acción de contener, un abrazo. Son lo mismo y a la vez una cosa que puede estar dentro de la otra. Como cuando la flor se marchita, que enseguida sale otra nueva dentro de la que ha muerto.

La sábana es un momento que no es el de la caja abierta ni el de la caja cerrada. Por eso creo más bien que son estados de la misma materia, como las estaciones. Porque aquí la vida tira de la muerte, sin descanso. La luz se deposita en su iris y mira al cielo cubierto de pájaros brillantes que parecen caer y elevarse al mismo tiempo. Brotan como el agua y se derraman, los jazmines en su frente. El potro está apunto de nacer, y es húmedo y cálido, y lo agarra fuerte con sus manos dejándose empujar hacia atrás, cuando tira y tira para que se arroje a la viveza. El manzano rebosa de ramas y de nidos y está floreciendo. Somos una ráfaga que se precipita, fluctuando entre la desnudez y la exuberancia. Las raíces se recogen entre sí y nos cobijan, como una piel asilvestrada que envuelve y contiene cada encuentro. Así salí de mi casa yo también, que me cabía todo el campo en la boca.



La escritura de Marta Echaves acompaña a este proyecto, con referencias a su vez a Mercè Rodoreda, a María Mercè Marçal y a Federico García Lorca.

Puso las manos en forma de cuenco en un gesto que le recordaba a su infancia. Dentro, agua de río, como flores, como ramas. El agua es al cielo a la manera en que la espina es la flor, porque aquí la muerte tira de la vida, sin descanso. Que tu llanto trence con el mío la red bajo mis pies vacilantes. Tan obstinada y paciente, gira el cazo haciendo remolinos.